Es del todo innegable, que aquellos que por autoconvencimiento o por afinidad a pensadores de está opinión y en la búsqueda del interés propio, llegan a la
conclusión de que el mejor sistema de vida no es otro que el hacer lo mejor
para si mismos, aun así en numerosas ocasiones se ven en la necesidad imperiosa
de pedir ayuda desinteresada en cualquier momento de sus vidas, dejando así en
clara evidencia sus creencias y convirtiéndose en hipócritas en el mismo
instante en que sienten dicha necesidad y piden la colaboración de alguien.
Incluso sería natural pensar que todos necesitamos la colaboración
desinteresada simplemente para existir, de lo contrario nadie tendría hijos,
amores, amigos, etcétera. Es algo muy común en nuestra sociedad el admirar a
quienes amasan fortunas y además reconocer que esto mejora el interés colectivo
porque dan trabajo, aunque todas sus acciones se basen en la maximización de su
beneficio, teniendo en cuenta que los derechos del trabajador, la sanidad
pública, la educación pública y universal, etcétera, son factores opuestos a
dicha maximización.
En el sistema capitalista de libre mercado y libre explotación de aquellos que no disponen de recursos este tipo de pensamiento, totalmente falaz a mi juicio, es el pan nuestro de cada día,
aunque siempre hay excepciones. Las excepciones a las que me refiero son prueba
suficiente de la veracidad de lo que manifiesto, un claro ejemplo de excepción
en capitalismo es el rescate a los bancos, tema que expondré a continuación.
Los señores, por llamarlos de algún modo, banqueros, políticos neoliberales y privilegiados económicamente en general, a los que quiero hacer alusión, son los más fervientes defensores del
pensamiento liberal y enarbolan una bandera cuya filosofía viene a significar
que lo mejor para la sociedad, para la humanidad, es que cada cual se procure
el máximo beneficio posible, estableciendo que este modo de actuar es el más
conveniente para el desarrollo, sin poner limite alguno a dicha búsqueda de
beneficios y sin tener en cuenta las lamentables situaciones a las que estas
directrices nos conducen y nos seguirán conduciendo, claro ejemplo las crisis.
Proponen hacer lo mejor para nosotros sin importarnos las consecuencias para el resto, pero cuando suframos una crisis fruto de la codicia, su irresponsabilidad y su mal
hacer para con los demás, entonces se retractan y piden al Estado un rescate
millonario de nuevo en su beneficio y que pague vía impuestos la sociedad al
completo, incluyendo a familias a las que han embargado sus únicas propiedades,
es decir, hacer lo mejor para uno mismo, excepto cuando seamos los poderosos los
que precisemos ayuda, en este caso hagamos un paréntesis al capitalismo y a
nuestras propias ideas. Un sistema o una directriz deben funcionar siempre y si
no es así sólo podremos concluir que se basa en el engaño, en la falacia. Queda
probado de este modo, que el pensamiento liberal y sus seguidores deben
retractarse de sus creencias cuando no tienen más remedio que pedirnos al resto
solidaridad, la cual jamás conseguirían si nos ciñésemos todos a sus absurdas
creencias, es una clara contradicción.
No obstante, no sólo creo que el pensamiento liberal sea con mucho el peor, también opino que sus seguidores y defensores saben de su inviabilidad pero
también saben lo a gusto que se vive explotando y esclavizando sociedades en
beneficio propio y pedir ayuda solidaria cuando sea preciso, estando por encima
de lo correcto e incorrecto, sin mencionar la presión y el dominio que ejercen
con su poder monetario sobre los gobiernos para que actúen en su beneficio aunque
conlleve el perjuicio del resto y además convencer a sus ciudadanos de que es
por el bien común, cuando ya sabemos que no apoyan dicho bien sino únicamente
el suyo, el propio, dejando a la luz lo barato que resulta invertir en la
compra de políticos despojados de cualquier signo de moralidad o escrúpulos y poder así, mediante esta inversión, exprimir a la sociedad, a la que siguen
engañando y manipulando a su antojo con la creación de leyes en beneficio de los corruptos.
De modo que un pensamiento que nace para la igualdad de oportunidades acaba suponiendo el monopolio de la ley y consiguiendo así todo lo contrario.
8 abril 2010 a 17:51
Es del todo innegable, que aquellos que por autoconvencimiento o por afinidad a pensadores de está opinión y en la búsqueda del interés propio, llegan a la
conclusión de que el mejor sistema de vida no es otro que el hacer lo mejor
para si mismos, aun así en numerosas ocasiones se ven en la necesidad imperiosa
de pedir ayuda desinteresada en cualquier momento de sus vidas, dejando así en
clara evidencia sus creencias y convirtiéndose en hipócritas en el mismo
instante en que sienten dicha necesidad y piden la colaboración de alguien.
Incluso sería natural pensar que todos necesitamos la colaboración
desinteresada simplemente para existir, de lo contrario nadie tendría hijos,
amores, amigos, etcétera. Es algo muy común en nuestra sociedad el admirar a
quienes amasan fortunas y además reconocer que esto mejora el interés colectivo
porque dan trabajo, aunque todas sus acciones se basen en la maximización de su
beneficio, teniendo en cuenta que los derechos del trabajador, la sanidad
pública, la educación pública y universal, etcétera, son factores opuestos a
dicha maximización.
En el sistema capitalista de libre mercado y libre explotación de aquellos que no disponen de recursos este tipo de pensamiento, totalmente falaz a mi juicio, es el pan nuestro de cada día,
aunque siempre hay excepciones. Las excepciones a las que me refiero son prueba
suficiente de la veracidad de lo que manifiesto, un claro ejemplo de excepción
en capitalismo es el rescate a los bancos, tema que expondré a continuación.
Los señores, por llamarlos de algún modo, banqueros, políticos neoliberales y privilegiados económicamente en general, a los que quiero hacer alusión, son los más fervientes defensores del
pensamiento liberal y enarbolan una bandera cuya filosofía viene a significar
que lo mejor para la sociedad, para la humanidad, es que cada cual se procure
el máximo beneficio posible, estableciendo que este modo de actuar es el más
conveniente para el desarrollo, sin poner limite alguno a dicha búsqueda de
beneficios y sin tener en cuenta las lamentables situaciones a las que estas
directrices nos conducen y nos seguirán conduciendo, claro ejemplo las crisis.
Proponen hacer lo mejor para nosotros sin importarnos las consecuencias para el resto, pero cuando suframos una crisis fruto de la codicia, su irresponsabilidad y su mal
hacer para con los demás, entonces se retractan y piden al Estado un rescate
millonario de nuevo en su beneficio y que pague vía impuestos la sociedad al
completo, incluyendo a familias a las que han embargado sus únicas propiedades,
es decir, hacer lo mejor para uno mismo, excepto cuando seamos los poderosos los
que precisemos ayuda, en este caso hagamos un paréntesis al capitalismo y a
nuestras propias ideas. Un sistema o una directriz deben funcionar siempre y si
no es así sólo podremos concluir que se basa en el engaño, en la falacia. Queda
probado de este modo, que el pensamiento liberal y sus seguidores deben
retractarse de sus creencias cuando no tienen más remedio que pedirnos al resto
solidaridad, la cual jamás conseguirían si nos ciñésemos todos a sus absurdas
creencias, es una clara contradicción.
No obstante, no sólo creo que el pensamiento liberal sea con mucho el peor, también opino que sus seguidores y defensores saben de su inviabilidad pero
también saben lo a gusto que se vive explotando y esclavizando sociedades en
beneficio propio y pedir ayuda solidaria cuando sea preciso, estando por encima
de lo correcto e incorrecto, sin mencionar la presión y el dominio que ejercen
con su poder monetario sobre los gobiernos para que actúen en su beneficio aunque
conlleve el perjuicio del resto y además convencer a sus ciudadanos de que es
por el bien común, cuando ya sabemos que no apoyan dicho bien sino únicamente
el suyo, el propio, dejando a la luz lo barato que resulta invertir en la
compra de políticos despojados de cualquier signo de moralidad o escrúpulos y poder así, mediante esta inversión, exprimir a la sociedad, a la que siguen
engañando y manipulando a su antojo con la creación de leyes en beneficio de los corruptos.
De modo que un pensamiento que nace para la igualdad de oportunidades acaba suponiendo el monopolio de la ley y consiguiendo así todo lo contrario.